Monday, October 01, 2007

En Seattle
EMP: EL MUSEO DEL ROCK POR EXCELENCIA


Arribamos al aeropuerto de Tacoma, la ciudad de Bing Crosby, en Washington, el jueves, un día antes del inicio del Bumbershoot Festival, evento de cuatro días que llevó a casi un cuarto de millón de personas al Seattle Center.

El sábado, y tras ver un especial de televisión sobre la vida de Jimi Hendrix, nos dirigimos al Experience Music Project, moderno museo y una de las sedes del festival. El EMP, como también se le conoce, es el proyecto músico-rockero del billonario Paul Allen, cofundador de la Microsoft, y una de las nuevas atracciones de Seattle, cultural ciudad llena de áreas de recreación.

Vista aérea del Seattle Center desde donde se ve el Experience Music Project.

Dentro del local, tomamos las escaleras que nos llevarían al segundo piso. A mitad de camino, la batería de Alan White (integrante de Yes y ex músico de la Plastic Ono Band), nos daba la bienvenida a esta nueva experiencia. Un tronco, construido íntegramente de guitarras, se levanta cual columna vertebral de este monumento al rock. Diría yo, al rock, soul, funk, country & western, rap, hip-hop, reggae, blues y, por supuesto, al grunge, que hace más de una década, con bandas como Nirvana, Mudhoney y Pearl Jam, tuvo su cuna en esta ciudad.

Instrumentos originales, vestimentas, discos, posters, documentos y fotos, entre muchos insólitos artículos más, forman parte de esta gran colección que colma las instalaciones del edificio (diseñado en metal) construido por Frank Gehry, el mismo arquitecto que levantó el famoso museo Guggenheim de Bilbao. Una sección para la historia del reggae, una esquina dedicada a Janis Joplin y otra para Bob Dylan, y una pared exclusiva para Eric Clapton, son parte de este paseo. Las hermanas Ann y Nancy Wilson (de Heart), que comenzaron su carrera por estos lares, también tienen su propio rincón. Raperos y músicos de hip hop al igual que ídolos del punk, llenan paredes y vitrinas, en tanto, el área dedicada a Hank Williams, es solo un ejemplo de la historia del country & western. Y, por supuesto, leyendas como Elvis y Kurt Cobain, también forman parte de esta gama de color e historia; de música y de gloria.

Frente al EMP, una de las atracciones de Seattle. (FOTO: Michael G. Kohl).

En pequeños estudios se puede permanecer hasta 10 minutos tocando el instrumento de su preferencia. Guitarras, bajos, teclados y baterías (amén de micrófonos para el que se atreva a cantar), están a disposición de quien quiera improvisar un momento. Y si se desea llevar a casa esa improvisación solo tiene que pedir un CD a cambio de diez dólares. Quien suscribe, que ingresó a uno de esos estudios, sugirió que no le grabaran nada. Y no fue precisamente por ahorrar el dinero.

En el museo, usted tiene la opción de tomar un imaginario (y alucinante) viaje a través de una sección de la historia de la música popular. Le llaman el Artist's Journey. A oscuras, sentados en nuestra butaca, a nosotros, por ejemplo, nos tocó la parte del funk donde no faltaron ni George Clinton ni Bootsy Collins. Por momentos, daba la impresión de que nos íbamos a encontrar en persona con el mismísimo James Brown.

Pero nada como el área dedicada a Jimi Hendrix, nacido en Seattle y motivo principal de la construcción de este edificio. Su diario, originales letras de sus canciones, contratos, los pantalones que vistió en el festival de Woodstock 69, y hasta un pedazo de la guitarra que incineró en 1967 delante de 50,000 personas en el Monterey Pop, son parte de lo que muestra este complejo arquitectónico.


El tronco de guitarras que nace en el primer piso sigue creciendo.

Recién al salir nos dimos cuenta de que habíamos pasado cerca de cuatro horas con la cabeza levantada, mirando, admirando, leyendo y escuchando parte de la historia dorada de su majestad, el rock and roll. Y todo, con las manos detrás como nos enseñaron de niños.

Javier Lishner
Seattle, Washington
Septiembre de 2001


8 comments:

atormentado said...

la Disneylandia del rock. por decirlo de algun modo.
que envidia Javier! (de la buena eh!)

miguel said...

hola amigo javier
realmente si que envidia eh... aqui nos tenemos que contentar con toto que toca aqui en lima en noviembre y soda stereo en diciembre.. bueno peor es nada... un abrazo... me gustaria que comentes sobre la musica de los noventas ahora que has nombrado a nirvana pearl jam... crees que fue la mejor decada de la musica? saludos

Javier Lishner said...

Hola Julio:

Como ya sabes siempre te leo. Recibe un fuerte abrazo de Mickey Mouse.

JL

Javier Lishner said...

Miguel:

Ya comenzaste con tus preguntas... Si los noventa fue la mejor década, sinceramente, no sé. Creo que eso es tan personal que no me atrevería a dar una opinión tan directa. La que más me gustó fue otra. Considero que todas las décadas (pasu! ahora ya se puede hablar de "todas"), todas, han tenido sus pros y sus contras, sus éxitos y sus fracasos, sus altas y bajas, pero, todas, no dejan de ser interesantes. Cosas del rock.

Un abrazo,

JL

miguel said...

hola amigo javier
particularmente me gusto mucho la decada de los setentas -a pesar que naci en 1971- yo escuchaba musica ya en 1976 tina charles, peter frampton, bee gees, andy gibb, led zeppelin, electric light orchestra, toto.. fue una decada muy melodica y se esmeraban en la composicion tanto musical como en la letra... los ochentas fue otra cosa con la explosion del video clip y la masificacion de la cultura pop hubo de todo entre los 70as y los 80as me quedo ligeramente con los setentas...los 90as para mi fue una decada experimental casi una mezcla de los sesentas con los setentas... creo que el tiempo dira si fue la mejor decada de la musica... Javier creo que nosotros somos privilegiados porque fuimos testigos de la evolucion de la musica del siglo xx... animate a dar tu opinion vamos javier si se puede si se puede ja ja... a ver si creamos polemica... un abrazo amigo javier

Javier Lishner said...

Estimado Miguel:

Se dice que toda comparación es odiosa. Para mí ni siquiera deberían de existir las comparaciones. Se suele cometer el error de hacer las comparaciones desde un punto determinado (tiempo y espacio) sin tener en cuenta todos los factores en los que se desarrolló determinado hecho. O sea, lo que sucedió en los setenta, o en los treinta, fue eso para la época y punto. Lo que vino después, igual. La ventaja de lo que vino después es que tuvo como base lo anterior, lo que por ningún motivo tendría que ser sinónimo de superioridad sino de diferencia. Creo que cuando comparamos no solemos ser del todo justos. Ergo, prefiero los setenta... jaja. Ojo, que el "prefiero" decide el gusto y no la calidad.

A propósito, dices que te acuerdas de Tina Charles y de Peter Framtpon, y no recuerdas cuál fue La Más Más del 77?

Un abrazo,

JL

miguel said...

hola amigo javier
pienso como tu... la preferencia es gusto y no determina necesariamente la calidad... de eso se trata javier cuando te pedia tu comentario, decir asi a raja tabla que una decada fue "mejor" que otra es casi imposible y nunca va a existir consenso...
Amigo javier en el 76 me alimentaba mucho (no quiere decir que me los comia ja ja) de los 45 que compraban mis hermanos mayores... estaba muy chiquito no me dejaban agarrar la radio ja jaja.. a proposito la duda continua javier ya me hiciste volver a acordar... aunque realmente no he olvidado y espero tu respuesta ja ja un abrazo amigo javier

Javier Lishner said...

Comprendido, mi estimado Miguel. Ahora entiendo que no te comías los discos. Porque así, no te dejarían entrar a los museos. Imagínate que te comas los discos originales de Eric Clapton o el pedazo de guitarra que incineró Jimi Hendrix en el Festival de Monterey...

Un abrazo,

JL