IGGY, EL FESTIVAL Y LA FOTO
La semana pasada me tocó trabajar con Mike, uno de mis clientes. Es el mismo personaje que, conociendo mi pasión por el rock, no hace mucho, tuvo la deferencia de obsequiarme el disco de Chickenfoot, a quienes acababa de ver en el Fillmore de San Francisco. Mientras nos dirigíamos al hospital de Stanford, donde hay un proyecto que se le ha encargado, hablamos de música y de Iggy Pop. Y, aquella mañana, mientras iba manejando, no pude resistir contarle una breve anécdota que me sucedió con el padrino del punk rock.

Estábamos disfrutando de la segunda versión del festival de Coachella, en los desiertos de California. Era mayo de 2001, y habíamos viajado especialmente para cubrir el evento. Entre los números estelares se había anunciado a Paul Oakenfold, Weezer, Tricky y la esperada reunión del combo de Perry Farrell, Jane's Addiction. Entre los nombres que iban a desfilar, también estaba el de Iggy Pop. El músico de Muskegon, Michigan, semidesnudo, apareció en horas de la tarde encaramado en el escenario. Estuvo allí durante una hora y media.
Terminada su actuación, el delgado cantante bajó de la tarima y, aún sudando por las altas temperaturas del área, se acercó a quienes andábamos allí, detrás de bambalinas. Mientras terminaba de hablar con la prensa, y antes de que empezara a coquetear con unas damas que más parecían groupies, le pedí una foto para incluir en "el reportaje para el Perú". En el ajetreo, Iggy aceptó de muy buena gana. A pocos pies de nuestro encuentro, y aún cerca del escenario, había un muro, el que sirvió para sentarnos. Al momento, le entregué mi Nikon a un colega de una revista de Nueva York, que prefiero guardar en reserva.
Allí, Iggy y yo, quedamos temporalmente sentados. El periodista presionó el botón y, ambos, finalmente, quedamos juntos para siempre. Como en aquellos días aún utilizábamos cámaras tradicionales con rollo (yo la acababa de adquirir, aunque por supuesto que ya existían las digitales), hube de esperar hasta volver a casa para revelar todas y cada una de las gráficas del festival. Total, nuestra vuelta al Silicon Valley estaba planificada para la mañana siguiente, terminado el evento.
Sorpresa me dí cuando fui a recogerlas y nunca encontré la foto en cuestión. Antes de quejarme con el muchacho que me atendía, revisé el negativo correspondiente. Lo que descubrí, automáticamente me hizo cambiar el humor. Estaba Iggy solo, y ni siquiera mirando a la cámara sino a las nenas. El colega le había hecho un close up, dejando de lado las doscientas libras peruanas en los terrenos del Polo Field. Así que allí, a su derecha, debo andar yo. Háganse la idea. Ahora vuelvo a mi CD de Chickenfoot, Oh Yeah! (FOTO: © Javier Lishner).
Javier Lishner
Santa Clara, California
12 de julio de 2009
Estábamos disfrutando de la segunda versión del festival de Coachella, en los desiertos de California. Era mayo de 2001, y habíamos viajado especialmente para cubrir el evento. Entre los números estelares se había anunciado a Paul Oakenfold, Weezer, Tricky y la esperada reunión del combo de Perry Farrell, Jane's Addiction. Entre los nombres que iban a desfilar, también estaba el de Iggy Pop. El músico de Muskegon, Michigan, semidesnudo, apareció en horas de la tarde encaramado en el escenario. Estuvo allí durante una hora y media.
Terminada su actuación, el delgado cantante bajó de la tarima y, aún sudando por las altas temperaturas del área, se acercó a quienes andábamos allí, detrás de bambalinas. Mientras terminaba de hablar con la prensa, y antes de que empezara a coquetear con unas damas que más parecían groupies, le pedí una foto para incluir en "el reportaje para el Perú". En el ajetreo, Iggy aceptó de muy buena gana. A pocos pies de nuestro encuentro, y aún cerca del escenario, había un muro, el que sirvió para sentarnos. Al momento, le entregué mi Nikon a un colega de una revista de Nueva York, que prefiero guardar en reserva.
Allí, Iggy y yo, quedamos temporalmente sentados. El periodista presionó el botón y, ambos, finalmente, quedamos juntos para siempre. Como en aquellos días aún utilizábamos cámaras tradicionales con rollo (yo la acababa de adquirir, aunque por supuesto que ya existían las digitales), hube de esperar hasta volver a casa para revelar todas y cada una de las gráficas del festival. Total, nuestra vuelta al Silicon Valley estaba planificada para la mañana siguiente, terminado el evento.
Sorpresa me dí cuando fui a recogerlas y nunca encontré la foto en cuestión. Antes de quejarme con el muchacho que me atendía, revisé el negativo correspondiente. Lo que descubrí, automáticamente me hizo cambiar el humor. Estaba Iggy solo, y ni siquiera mirando a la cámara sino a las nenas. El colega le había hecho un close up, dejando de lado las doscientas libras peruanas en los terrenos del Polo Field. Así que allí, a su derecha, debo andar yo. Háganse la idea. Ahora vuelvo a mi CD de Chickenfoot, Oh Yeah! (FOTO: © Javier Lishner).
Javier Lishner
Santa Clara, California
12 de julio de 2009










