Monday, May 29, 2006

Desde el aire
IMBORRABLES IMÁGENES DE LOS DÍAS FELICES


El 12 de junio de 1976, en el JFK Stadium de Philadelphia, Yes, con sus teloneros Peter Frampton y Gary Wright -el intérprete de "Dream Weaver"-, logró lo que se ve en esta imagen aérea.


Un año después, el 4 de junio de 1977, en el estadio Soldier Field de los Chicago Bears, Emerson, Lake & Palmer, junto a otros invitados, entre ellos, Foghat -los intérpretes de "Slow Ride"-, lograron este impresionante conglomerado visto desde el aire.

Por aquellos años ya había aparecido el punk rock, y, el rock progresivo, daba sus últimos manotazos antes de que bandas como The Ramones, Sex Pistols y The Clash, terminaran de quitarle para siempre su corona. El rock y sus ciclos no perdona.

Javier Lishner
San Jose, California
29 de mayo de 2006

Sunday, May 21, 2006

WOODSTOCK: 20 años después

En agosto de 1989, se celebraban los primeros veinte años de Woodstock Music & Art Fair, el evento que marcó a toda una generación en favor de la paz y el amor. Por primera vez se empezaba a mostrar material nunca antes visto, el que, por supuesto, fue ampliándose con el paso del tiempo. Aquella vez, tuvimos la oportunidad de escribir sobre los hechos del 69 -ocurridos en ese rancho de Bethel-, en el hoy desaparecido semanario peruano Oiga. Aquí la nota.


"Esta es la más grande multitud jamás reunida en la historia de la humanidad. Y está tan oscuro que no logramos vernos unos a otros. Entonces, cuando yo cuente hasta tres, quiero que todos ustedes enciendan un fósforo". El presentador John Morris esperó algunos segundos para que las personas buscaran fósforos. Después de un rato comenzó a contar, y, cuando dijo el número mágico, una luz sorprendente iluminó la noche. La emoción y la impresionante belleza de la escena fue profundamente chocante. Que ese fue el origen del ritual de encender fósforos en los conciertos, no es verdad. Pero aquello dejó bien claro que, ese momento, marcó el nacimiento de una nación: La Nación Woodstock.


- Robert Santelli en Aquarius Rising, The Rock Festival Years (1980)

Corría el mes de agosto de 1969 y, entre los días 15 y 17, Bethel fue testigo de la más importante concentración humana provocada por un evento musical. Aquella apacible localidad neoyorquina, vio llegar en esos días a cerca de medio millón de personas con la intención no sólo de apreciar a más de treinta grupos y solistas del rock sino de adherirse, con su presencia, al movimiento de liberación de los jóvenes bajo el lema "Peace and Love", frase surgida de los hippies, emanados de San Francisco a mediados de la década del sesenta.

En efecto, fue en esa la localidad en la que Max Yasgur, un hombre de 49 años, tenía una granja de 600 acres de terreno, la que, finalmente, sirvió para cobijar a decenas de millares de personas que se reunieron teniendo como marco tres palabras: PAZ, MUSICA y AMOR. Fue Woodstock, precisamente, el evento que permitió la inmortalidad dentro del panorama rockero a los más de treinta grupos y solistas que ahí se presentaron.


Mostraron su arte aquellos días de hace veinte años, Santana (¡Viva Santana!), Richie Havens, Canned Heat (de los desaparecidos Bob Hite y Al Wilson), Jefferson Airplane (hoy, Starship), Blood, Sweat & Tears, Creedence Clearwater Revival (de John Fogerty), Arlo Guthrie, Quill, Johnny Winter (el blanco del blues), Country Joe & The Fish, Tim Hardin, Joe Cocker (con una ayudita de sus amigos), Keef Hartley, Paul Butterfield Blues Band, Ravi Shankar (el indio del Concierto para Bangladesh), The Incredible String Band, Sly (El Trovador) & the Family Stone, The Grateful Dead, The Who, Joan Baez, The Band, Bert Sommer, Melanie, Ten Years After (de Alvin Lee), Mountain (el trío sucesor de Cream), Sweetwater, John Sebastian, Sha Na Na, Crosby, Stills, Nash & Young (aún en el camino) y los imperecederos Jimi Hendrix y Janis Joplin, ambos fallecidos en 1970.

Esta pléyade de estrellas, unas desde antes y, otras, encumbradas después del festival, había convocado a tal cantidad de gente, que el segundo día se tuvo que declarar el evento como un festival libre. Es de destacar que el ambiente de fiesta y hermandad no se detuvo ni con la torrencial lluvia que cayó el día 16.

Durante aquellas 72 horas se movilizó más de veinte cámaras y se filmó alrededor de ochenta horas, de las cuales solo se utilizaron tres para la realización de la película dirigida por Michael Wadleigh y producida por Bob Maurice. El filme se estrenó en 1970 y, ese mismo año, ganó el Premio de la Academia al mejor documental.

Por otro lado, se grabó más de 64 cintas (como para editar unos 50 discos), sin embargo, sólo aparecieron dos álbumes: el triple, en 1970, y el doble, lanzado dos años después.

El Festival inspiró a Joni Mitchell, quien compuso "Woodstock" (tema original de la película y que luego fue grabado por Crosby, Stills, Nash & Young) y, Eric Burdon (de The Animals), quien escribió "Up in Woodstock". Por su parte, el trío neoyorquino Mountain inmortalizó "On Yasgur's Farm", en homenaje al dueño de la granja, quien, febrero de 1973, moriría a los 53 años de edad.


Finalmente, durante los tres días de paz, música y amor, hubo tres muertos, dos nacimientos y cuatro abortos. No se recuerda conflicto alguno a excepción del protagonizado por el temperamental guitarrista de The Who, Pete Townshend, con el líder yippie Abbie Hoffman.


HOY, VEINTE AÑOS DESPUÉS
Woodstook, que para muchos fue el pináculo de una generación y, para otros, el nacimiento de una nación, será recordado este año en infinidad de lugares como el evento musical del Siglo 20. Volverá a las pantallas no sólo a través del celuloide sino, además, vía televisión, por medio de un especial de 50 minutos llamado Woodstock Minutes. En dicho telefilm, preparado especialmente para la ocasión, aparecen imágenes inéditas extraídas de los archivos de la Warner Brothers. Asimismo, se podrán apreciar entrevistas a casi 30 participantes en el acontecimiento.


La película será transmitida, a razón de una hora diaria, del 15 al 17 próximo, por la Cadena MTV. Por ahora, ya se editó dos discos compactos con el material lanzado a principios de los setenta. Y las publicaciones Rolling Stone y Life, preparan ediciones especiales para esta celebración. En los Estados Unidos ya se lanzó varios libros dedicados al gran acontecimiento musical y se esperan muchos más para este mes.

EPÍLOGO
A veinte años de Woodstock, se traen al presente tres días en medio de una de las épocas más turbulentas de la historia. La Nación Woodtsock, la utopía hecha posible, un presagio de la era de Acuario, es un tributo a la hermandad, al rock, y a la generación que vivió aquello. La leyenda que muchos se llevaron a la tumba, y que se hizo realidad durante esos tres días de paz y amor, lluvia, fango, incomodidad, muchedumbre e interminable música. Es la prueba más tangible de que los humanos podemos unirnos civilizadamente a través de esa tantas veces castigada, pero, a la vez, tan querida palabra de cuatro letras llamada ROCK.

Javier Lishner
Lima, Perú
Agosto de 1989

Saturday, May 20, 2006

GERARDO MANUEL: Oda al Maestro

Recuerdo con agrado cuando andaba en la primaria y regresaba a la casa corriendo. Tras un breve paso por el baño, donde me hacían lavar las manos, subía a mi dormitorio a encender mi pequeño radio a transistores. Allí escuchaba La Hora Pirata, mi programa favorito. Aquel radio que heredé, había sido un regalo de la tía Lola a mi padre después de un viaje a Panamá. Y a la vez sería el punto de partida de un sinnúmero de experiencias.

No, no estábamos discutiendo. Solo le estaba tratando de explicar algo. 1993 (FOTO: Víctor Becerra/Archivo Perú Rock).

Por aquellos días de los setenta, La Hora Pirata se transmitía desde la señal de Radio Miraflores, "la radio chiquita de corazón grande", en los 1250 de la Amplitud Modulada, que era lo único que se escuchaba por aquel entonces. Al menos, en la capital peruana.

Su conductor era Gerardo Manuel, quien había sido cantante de varios grupos pioneros del rock local desde la década anterior (Los Dolton's, Los Shain's, Pepper Smelter, El Humo). Tiempo después, me enteraría que además era un destacado ejecutivo discográfico. La Hora Pirata, que de pirata no tenía nada, era un espacio dedicado exclusivamente al rock que no se escuchaba en las programaciones diarias de las emisoras comerciales, incluyendo la misma Radio Miraflores.

Eran días en que el Perú vivía una dictadura militar pro-soviética que no permitía la importación de discos, principalmente, venidos de los Estados Unidos. Por lo tanto, los que éramos benjamines en las lides del rock teníamos que contentarnos con lo que producían las discográficas locales. Y en eso Gerardo Manuel también fue un gran impulso. En 1973 salió al aire en televisión, bajo su conducción, el programa Hola Patas.

La admiración por quien conducía tan original programa iba in crescendo. Así, con el apoyo de la revista europea Pop y, luego, la argentina Pelo, iniciábamos (a lo lejos y en silencio) nuestros pinitos en la industria de la música popular.

Varios años después, en 1980, finalmente, me tocó conocer (en la misma radio) al tan popular Gerardo Manuel. Una persona sencilla aunque temperamental. Muy buen tipo pero un poquito loco, pensaba en aquel entonces. Pero parecía un loco bueno. Después de todo, no por gusto transmitía esa música que mi padre, a su manera, llamaba "de locos" (Black Sabbath, Focus, Warhorse, Alice Cooper, Deep Purple, Aphrodite's Child).

Un buen día, ese mismo año, la gerencia de la radio ubicó mi programa a continuación del clásico espacio de Gerado Manuel. Para ese entonces, Gerardo, como lo llamábamos en confianza, era también un popular personaje de la televisión y pionero en la transmisión de video clips (a través de Disco Club). Verdaderamente, un multifacético en el campo del entretenimiento.

Mi Reunión Acústica se iniciaba a las nueve de la noche, inmediatamente después de su exclusivo programa. Como quiera que eran mis primeros pasos, trataba de estar antes de las ocho en la emisora para verlo preparar sus audiciones. Seguía tocando locuras, pero locuras buenas que a mí, por ser nuevo, no se me permitía. Afortunadamente, eso cambiaría con el tiempo... Cada programa radial de Gerardo (quien me llamaba Robotito, en homenaje a mi dureza frente al micrófono) tenía algo distinto, cada emisión era diferente. Cada salida al aire era un show per se. Allí aprendí cuán importante era la creatividad en los medios de comunicación. La radio es la autopista preferida de nuestra imaginación, aprendería más tarde. Y claro, algunos (como Hugo Salazar) le sacaban más provecho que otros. También, el buen Dennis Alberto Contreras, el Randy Calandra del pueblo, fue otro que por esos años supo utilizar muy bien esa arma. Y, en eso, en la grandeza de nuestra imaginación, la mayoría de las veces, radica el éxito. Los flojos, no llegan muy lejos. Y nunca ví flojear a Gerardo. Jamás.

Durante los siguientes años tuve oportunidad de trabajar algunos proyectos con él y siguió siendo la misma persona, responsable, cumplida y entregada de lleno a su carrera. ¡Qué duda cabe!

En julio de 1985 fue puntal del disco para los niños huérfanos de Ayacucho, cuyas regalías fueron a casas-hogares en Huanta, Huancapi y Tambo. Unos años después, cuando, junto a CATS Producciones, organizamos la Fulbitón 88 (para beneficiar a los niños del Puericultorio Pérez Araníbar), Gerardo volvió a decir presente vistiendo la casaquilla de la emisora a la que había vuelto, Radio Miraflores.

Por ese entonces Los Grandes Momentos del Rock (GMR), cuyas iniciales por esas paradojas que tiene la vida eran las mismas que las de su nombre (Gerardo Manuel Rojas), se convirtió por los mismos motivos en un espectáculo semanal impecable y exitoso. Los GMR eran un par de horas de rock interpretado con músicos tan profesionales como él; como Enrique "Pico" Ego Aguirre, su ex-compañero en Los Shain's.

El 26 de febrero de 1994, unos tres meses antes de mi partida a California, lo ví por última vez. Ambos formábamos parte del Jurado en el Tercer Concurso Nacional Juvenil de Música Moderna organizado por el Municipio de Miraflores, cuyo alcalde era Alberto Andrade Carmona, futuro alcalde de Lima.

Todo lo demás de su carrera, lo he seguido (a la distancia) a través de la Internet. ¡Qué viva el rey del rocanrol en el Perú! Y por todos los años del mundo. ¿Alguien dijo que no?

Javier Lishner
San Jose, California
20 de mayo de 2006

NOTAS RELACIONADAS:
- GERARDO MANUEL Y SU BLOG
- En Lima, LOS SESENTA DE GERARDO MANUEL

Thursday, May 11, 2006

La visita de Jon Anderson
CRÓNICA DE UNA NOCHE DE INVIERNO

Reencuentro con Jon, en mayo de 1993, ocho años
después de haberlo visto con Yes en Brasil



A las dos de la madrugada del sábado Jon Anderson pisó tierra peruana y, cuarenta minutos después, abandonaba el aeropuerto internacional Jorge Chávez. Ese fue el punto de partida para un día lleno de actividades que realizó el vocalista de Yes. Y, Telecolor, estuvo con él.

LA CONFERENCIA

A las cuatro de la tarde del sábado muchos confirmamos que Anderson llegaba al Perú por primera vez. Los rumores acerca de supuestas anteriores visitas quedaron solo en eso. "Me siento muy contento de estar en esta parte del mundo... He esperado quince años para realizar esta gira... Quiero volver a Sudamérica con todo el grupo (Yes)... Antes de fin de año volveremos a unirnos con Chris (Squire), Alan (White), Tony (Kaye), Trevor (Rabin) y Rick (Wakeman)... La música está flotando en el aire, solo es cuestión de tomarla e integrarla... Me siento muy bien con mi banda actual en la que, a excepción del teclista, todos son músicos latinos...", fueron algunas de las respuestas que dio Anderson en la reunión de prensa que organizó Phantom, la empresa promotora. El británico fue muy accesible y atento.

EL SHOW
La aparición de Anderson en escena fue muy bien recibida por el público que, cinco minutos después, al oír su voz disfrutó de una real algarabía. Comenzó a las 22:17 horas, luego de la presentación de Expresión Huayanay, grupo folclórico peruano que, a decir verdad, pasó desapercibido. Sonido de truenos y relámpagos fueron la atmósfera de bienvenida a este espectáculo que comenzó muy espacial. Y claro, es la música que actualmente está haciendo el vocalista fundador de Yes.

"Italian Song" fue el comienzo de una serie de temas, conocidos y otros no, que integraron el espectáculo de dos horas de duración. Le siguieron "If It Was Not For Love", "Hearts", "And You And I" -el primer gran impacto musical- y un solo de guitarra a cargo del uruguayo Freddy Ramos. Luis Pérez, el percusionista mexicano, ya había realizado el suyo con una previa presentación de Mr. Anderson. Pérez demostró su gran habilidad y conocimiento en la gran variedad de instrumentos autóctonos que domina.

El octavo número fue un medley netamente latino en el que Deborah -su hija- y la norteamericana Nina Swan, lo acompañaron en la voz y con danza. Le siguió "Time And A Word" y "Soon" -clásicos de su grupo- para continuar con un solo de Deborah que nos hizo recordar por momentos a la hindú Sade. La morena hija de Anderson se lució con un tema muy bien interpretado. "Shine" fue el previo para uno de los momentos más celebrados por la platea: "Owner Of A Lonely Heart". Aunque la versión fue totalmente latinizada el público la recibió muy bien, y convirtió el recinto en un auténtico salsódromo. El momento fue preciso para entregar "State Of Independence". Mas tarde, "Song For The Hope" hizo lucir nuevamente a Luis Pérez quien, con su instrumento (y espíritu), le da un estilo muy especial a lo que hoy hace Anderson. El momento cumbre llegó cerca de las doce de la noche cuando se escuchó la primera nota del clásico "I've Seen All Good People" y creo que fue el instante más celebrado del show. Para irse, algo del Big Generator, "Love Will Find A Way", también, muy aplaudido. Anderson se despidió agradeciendo a cada uno de sus acompañantes y prometiendo volver con Yes. Obviamente, la platea, no dejó de gritarle hasta que regresó para hacer su última canción acompañado del teclista Keith Heffner. "One More Time" -de la época de Vangelis- fue el adiós definitivo (Parece que Yes llegará a Sudamérica en 1994).

FRÁGIL – PERÚ

Un sabor muy amargo quedó en las filas del grupo peruano más importante y representativo del rock. Frágil tuvo la noticia de la cancelación de su espectáculo cerca de las seis de la tarde. A excepción del cantante Dulude, el grupo en pleno se encontraba en la habitación signada con el 651. Vanos furon los intentos por convencer de que el grupo se había preparado y -según contrato- debía tocar. Aunque el mismo Anderson comprendió la situación, no pudo hacer nada por nuestra banda. El problema era de índole técnico y escapaba a sus decisiones, nos dijo. La última opción que fue la de actuar luego de Anderson fue desechada por el responsable de los equipos de sonido e iluminación. Fue una muy mala onda. ¿Falta de previsión o qué? No debe repetirse.

ENTRETELONES
El avión que trajo a Anderson, llegó de Sao Paulo a las dos de la madrugada y, recién después de cuarenta minutos, el vocalista pudo cruzar la puerta de salida del aeropuerto. Firmó solo un autógrafo y fue fotografiado hasta que subió a la limusina plateada que lo llevó al hotel... Cerca de veinte minutos después descendió del automóvil en el que iba acompañado de Paul Silveira, su Manager, un señor. Muy poca gente lo esperó en la puerta del hotel. Saludó, se dejó fotografiar y se despidió... En la mañana salió de compras al Mercado Indio de la avenida La Marina y Chachi Luján hizo de traductor. Fue muy cordial con la gente que ahí lo reconoció... Regresó pasado el mediodía para prepararse para la rueda de prensa pactada a las dos... Cerca de las 15:30 horas atendió a periodistas y reporteros gráficos, algunos de los cuales se retiraron cansados de esperar. Respondió con humor y, terminada la reunión, se fue a la prueba de sonido donde las cosas no estaban listas. Subió a su habitación y, a las seis de la tarde, nos recibió junto a la representante de prensa de Frágil en la suite 1656. Luego, y semi-mortificado por no poder realizar su clásica prueba de sonido, se fue a descansar... A las diez de la noche salió del hotel rumbo a la Carpa y, diecisiete minutos después, comenzó su espectáculo... En la madrugada, después del show, se quedó en su habitación con algunas amistades y compañeros de grupo, cantando uno que otro tema latino. A las 11:30 horas del domingo, volaba rumbo a California. Su gira latinoamericana había concluído.

Javier Lishner
Lima, Perú
Mayo de 1993

Saturday, April 15, 2006

QUEEN + Paul Rodgers
UNA NOCHE PARA RECORDAR

Un espectáculo que no dejó espacio para las comparaciones. Un homenaje a Freddie Mercury de parte de dos de sus ex-compañeros y de un vocalista con nombre propio, Paul Rodgers, quien solo hizo lo que aprendió durante los últimos 38 años en la escena del rock: cantar. Y, como es su costumbre, encantó.


Una producción bien balanceada con temas clásicos de Queen, y varias de Bad Company. Y, para el cierre, hasta se animaron a interpretar el viejo "All Right Now", que Rodgers, junto a otros tres monstruos, hizo éxito en 1970 bajo el nombre de Free, sugerencia del maestro Alexis Korner.

El escenario que Queen mostró anoche no necesitó de muchos efectos especiales, más allá de un buen juego de luces y tres pantallas para acercar a los miles de espectadores que se dieron cita a la gira que el grupo inició el año pasado en Europa.

Momento álgido de la noche fue la presencia de Freddie Mercury, en pantalla, interpretando "Bohemian Rapsody", para, luego de varios minutos, darle la posta a Rodgers, quien dejó bien en claro dos cosas: primero, que no llegó a la fiesta para reemplazar al difunto Mercury (quien para la mayoría de fans, es irreemplazable) y, segundo, el porqué es considerado uno de los mejores vocalistas en la historia del rock.

Brian May hizo lo suyo. El lúcido guitarrista puso su experiencia al mando de la banda y su sola presencia llenó parte del escenario. Tal vez, su cercanía a Mercury, es lo que lo sigue haciendo un poco enigmático, por más sencillo que realmente sea. May cantó "Love Of My Life" en la parte delantera de la pasarela donde, en aquel momento, su guitarra, fue su única compañera. El público le respetó el tema hasta el final, cuando irrumpió con una tremenda ovación, en instantes en que ya había aparecido el jovial vocalista de 56 años, para apoyarlo. May demostró calidad con la guitarra, y derrochó destreza, arte, primor y propiedad en más de un solo que produjo.

Roger Taylor, desde el fondo, mantuvo la sección rítmica acompañado por un correcto bajista neoyorquino de origen latino (Danny Miranda), poco conocido a pesar de su trabajo con Blue Öyster Cult. Taylor también se atrevió a cantar, cosa que siempre hizo muy bien. Le encargaron "These Are The Days of Our Lives" y "I'm In Love With My Car", esta última, composición propia, que fue parte del álbum blanco de 1975. El baterista también interpretó "Radio Ga-Ga", otra de su pluma, cediéndole el micrófono a Rodgers, para que continuara con la segunda parte del tema. El baterista Taylor es de por sí un cantante.

Para quienes fueron a escuchar temas clásicos, el show debió haber sido perfecto. "Crazy Little Thing Called Love", "Fat Bottomed Girls", "The Show Must Go On", "Another One Bites the Dust", "We Will Rock You" o "Under Pressure", fueron prueba de ello. Para los que fuimos a ver algo más, también.

Y, después de dos horas y fracción, el apoteósico final llegó con "We Are The Champions". Nos retiramos con la sensación de haber escuchado a una gran banda con un cantante de lujo. Lo que vimos anoche, no sucede frecuentemente. Después de todo, demoramos más de dos décadas para volver a ver en vivo a Su Majestad. Esta vez, con Paul Rodgers. ¡Qué viva Freddie Mercury!

Javier Lishner
San Jose, California
6 de abril de 2006
A Ernesto Samamé
CUANDO EL AMIGO SE VA

Ernesto, finalizado el II Encuentro del rock realizado en el Perú. Radio Miraflores, febrero de 1987 (FOTO: Víctor Becerra/Archivo Perú Rock).


Cuando hace muy pocos días, a través del respetable Rulli Rendo, me enteré de lo delicado de la salud de Ernesto, lo primero que se me vino a la mente fue su lealtad, su sonrisa y su perseverancia. Porque, para quienes tuvimos la suerte de conocer al bajista peruano, esas fueron algunas de sus características.

Miembro de una generación de guerreros surgidos durante la década del sesenta, Ernesto Samamé, al igual que Jean Pierre Magnet, Saúl Cornejo, Manuel Cornejo, Carlos Guerrero, Gerardo Manuel, Walo Carrillo, Pico Ego Aguirre, Bo Ichikawa y Miguel Flores, entre otros, representaba la historia de nuestro rock. Su vida, entregada a los escenarios, a las notas musicales, a los estudios de grabación y, especialmente, a su instrumento, el bajo, deja un ejemplo para las nuevas generaciones.

Recuerdo el interés con el que participaste -al lado de Chachi Luján, Pico, Gerardo, Octavio Castillo y otros talentosos artistas- de aquella reunión del 2 de julio de 1985, en los viejos estudios de Radio Panamericana, en la calle Mariano Carranza, cuando se lanzó la idea de unir a artistas nacionales (de todos los géneros) para ayudar a los niños huérfanos del terrorismo en Ayacucho, obra que, a pesar de los años, aún continúa.

Recuerdo tu activa participación -al lado de Gerardo, Álamo Pérez-Luna, el "Chino" Alberto Chong, Nina Mutal, Julio y Juan Carlos Caipo, Pico, Dante Tirabanti, Coco Silva, Luciano Figallo, Ricardo Silva, Dudó, Retorno Breve, el "Mono" Landavere, Danai, Rafo Ego Aguirre, Rio, Doble A, Pepe Ortega, Julio Andrade, Frágil, y muchos más-, en cada uno de los Encuentros del Rock realizado en el Perú, que tuvieron como sede los Estudios RPM, de Miraflores, y que fueron transmitidos en directo, durante tres años consecutivos (en 1986, en 1987 y en 1988), a través de las dos frecuencias de Radio Miraflores.

Recuerdo algunos de los viajes de la Gira Perú Rock 88 pero, en especial, la primera salida a Chiclayo y Piura, cuando viajaste como parte del grupo de los entonces populares Yesabella y Beto Danelli. Allí, como de costumbre, anduviste acompañado de otros nombres de la talla de Tavo Castillo, Alberto Chong, Lucho Guimet y de tu hermano Ricardo.

Recuerdo aquella vez cuando, en junio del 87, nos tocó encontrarnos en Chimbote con motivo de la Feria anual de la ciudad, y, después del espectáculo, nos quedamos hasta altas horas de la noche conversando con Sammy Sadovnik, sobre astros, la vida extraterrestre y el Cosmos, que era otro de tus intereses.

Recuerdo, finalmente, tu apodo de el "Perrito" cuyo origen nunca supe. Me imagino que alguien te lo acuñó por su impedimento para pronunciar la letra "r". O, tal vez, por tu fidelidad canina para con todo el gremio. Porque tú estabas en las buenas y en las malas. Porque Ernesto, tú estuviste en las buenas y en las malas.

Se nos acaba de ir un amigo. Aquel que, con su cabeza rapada, impuso hace más de dos décadas una moda que hoy otros seguimos. Y, aunque nunca fue el muchacho que robó el show, ni con la prensa ni en escenario alguno, su bajo Fender seguirá ladrando en un sinnúmero de grabaciones en las que participó durante sus 35 años de carrera.

Estimado Ernesto, vives siempre entre nosotros. Y gracias por tu contagiante sonrisa y leal amistad, la que me brindaste desde el día que nos conocimos y ya eras una figura.

Javier Lishner
San Jose, California
6 de marzo de 2006
Yes: 35 años después
LA PASIÓN... DE TOCAR



"Llegué de Bali para estar presente en el show. Y seguiré con ellos mañana para su espectáculo en San Diego". Con estas palabras llenas de emoción, Shandra, una inglesa de origen indonesio, nos confesaba su pasión por Yes, quinteto que dos días antes había iniciado, en Seattle, la gira por sus treinta y cinco años de servicios prestados.

PITAZO INICIAL
De pronto, el Rickenbacker de Chris Squire hizo mover muchas canas (menos las de él). Era el inicio de "Going for the one". Una escenografía sencilla, con la autógrafa de Roger Dean, incluía al guitarrista Steve Howe, quien comenzaba a captar la atención en el ala izquierda del escenario. Al otro lado, Rick Wakeman, hacía lo suyo detrás de las teclas. La noche parecía precisa para la actuación de Yes en el HP Pavilion de San Jose. El moderno coliseo, con capacidad para 20,000 personas, se vió repleto, lo que no sucedió con su última presentación en el área, en julio de 2002, cuando actuó en el Shoreline Amphitheatre de Mountain View.

En la batería, Alan White, cuyos créditos se incluyen en el célebre "Imagine" de John Lennon y "My Sweet Lord" de George Harrison, hace la introducción a "Sweet Dreams", viejo tema del Time and a Word, de 1970, cuando aún Bill Bruford era dueño del puesto. Jon Anderson, por su parte, toca la guitarra acústica, y Steve ha dejado la guitarra steel para tomar su clásica Gibson.

Pasados los veinte primeros minutos del espectáculo, y con el sonido en contra, es momento de otra de las inolvidables canciones del grupo, aquella que alguna vez Anderson y Squire, escribieron: "I've seen all good people". Después de casi diez minutos de historia, siguieron con "Mind Drive", tema que a decir de Jon, nunca habían tocado en directo, "... a pesar de haberlo grabado hace ocho años". Y es Steve el que le pone el sello del grupo, mientras el veterano vocalista hace claros esfuerzos por llegar al tono adecuado.

Llega el lucimiento de Rick. La platea en pleno experimenta el que, para algunos, fue uno de los puntos más altos del show. Con Chris dominando la escena y Jon, metros atrás apoyando en la percusión (y demostrando su versatilidad), seguirían "South Side of the Sky" (del Fragile) y "Turn of the Century" (del Going for the One). El sonido recién empezaba a ser justo con ellos.

"Yesterday a morning came, a smile upon your face. Caesar's Palace, morning glory, silly human race...", era el principio del final de la primera etapa. Efectivamente, con "Yours is no disgrace", de 1971, se fueron a los camerinos.

SEGUNDO TIEMPO
"Long distance runaround", "Time is Time", "Wonderous Stories" y una magistral versión de "Roundabout", fueron parte del set acústico, con el que iniciaron la segunda parte. También lo fue "Show me", grabado hace un par de años en Santa Barbara, California. De ahí, hubo un silencio sepulcral. Y mientras los técnicos ponían en orden el escenario, Steve captaba la atención con un fantástico solo de su inspiración: "In the Course of the Day".

Sorpresivamente, Jon volvió a aparecer, esta vez, caminando entre el público y cantando el tema más fuerte de la lista: "Rhythm of Love", de 1987. En él, Steve hizo olvidar a Trevor Rabin, el talentoso guitarrista sudafricano que lo reemplazó en 1983 y quien fue uno de los compositores del tema. La técnica de Howe sigue impecable y, la permanente utilización de diferentes guitarras lo hace aún más interesante.

"And you and I", hizo girar los reflectores hacia el lado derecho, donde se encontraban los dedos de Wakeman frente a los Korg. Recordemos que Rick comenzó en las grandes ligas desde muy joven acompañando a artistas como David Bowie (Space Oddity, 1969), mucho antes de reemplazar a Tony Kaye. El pianista trajo reminiscencias de sus primeras locuras solistas, mientras Chris destrozaba la armónica. El show iba llegando a su fin.

"Hace treinta años tocábamos esta música sin pensar que 30 años después tendríamos audiencia para escucharnos", dice Jon antes de "Ritual". Es el final. La gente no se mueve. Yes se despide.

SOBRE TIEMPO
Pero, Yes, tiene que volver a pedido de la audiencia. "Every little thing" (de Lennon y McCartney) y "Soon" (de la era Moraz), es el premio que el público recibe por aplaudir y mover sus canas. Eso es todo. Han pasado más de dos horas y hay que guardar energías para el encuentro del día siguiente... aunque Chris sea de los que no le importe mucho.

Se acercaba la medianoche y Shandra volvía a San Francisco para tomar su vuelo a San Diego en horas de la mañana. Ella había viajado 13,500 kilómetros para estar en su duodécima gira con Yes.

Javier Lishner
Abril de 2004
San Jose, California


THE RAMONES: Otra vida que se apaga

Cuando en 2001 murió Joey Ramone, trabajaba como encargado del área latinoamericana en una compañía de Santa Clara, California. Esa mañana vi con lágrimas a un compañero de trabajo, y también músico.


Al igual que Charly García en Argentina, G.E. no sólo era fanático de los Ramones sino que, ese mismo año, había tenido oportunidad de conocerlo en una fiesta privada en Las Vegas durante la despedida de soltero de un amigo en común, vocalista de un grupo local, a quien yo sólo acompañé en su matrimonio. Aún recuerdo aquel lunes cuando apareció en el trabajo con la historia de que había estado con Joey y toda la mierda. De inmediato le pregunté: ¿Y te tomaste alguna foto con él? Con la mirada me contestó que no. Para luego agregar que le parecía muy "cheesy" (barato, simple) posar al costado de una estrella... Un año después, el mundo fue sorprendido con la muerte del bajista Dee Dee Ramone, a causa de sobredosis.

Y esta mañana, la noticia vuela por todo lo alto anunciando que, ayer, de cáncer a la próstata, murió otro de sus integrantes, Johnny, el famoso guitarrista de la banda neoyorquina. Por esas cosas de la vida, en menos de tres años, la banda quedó reducida a uno, Tommy Ramone, el batero, quien, paradójicamente, fue el último en acoplarse al grupo como músico. Originalmente, Tommy actuó de representante.

Por otra coincidencia, el último domingo se había realizado un show en homenaje a los Ramones, celebrando los 30 años desde que se dieron a conocer al mundo para influir en artistas desde Sex Pistols, Nirvana y Red Hot Chili Peppers hasta al mismo Bruce Springsteen quien, dicho sea de paso, les escribió una canción llamada "Hungry Hearts" que, a la postre, y por recomendación de su manager, la guardó para él y fue, en 1980, un éxito en su propia interpretación.

Como Iggy Pop, Lou Reed y MC5, los Ramones tuvieron (injustificadamente) poco éxito en las listas y, peor aún, en los siempre manipulados premios de alfombra roja. Aunque a ellos, poco les importó.

A la hora de su muerte, al lado de su esposa Linda, Johnny estuvo acompañado de buenos amigos como Eddie Vedder, Rob Zombie y Lisa Marie Presley.

Es muy posible que sus chaquetas de cuero negro y alguna de sus guitarras estén comenzando a volar a diferentes lugares para ser expuestas en vistosas vitrinas. Claro, como de costumbre, un tardío homenaje.

Descansa en paz, Johnny. Aquí, seguiremos escuchando tu obra.

Javier Lishner
San Jose, California
16 de septiembre de 2004

Starship en Concierto
ATERRIZAJE CON ESCALA


Santa Cruz es una cálida ciudad frente al mar Pacífico. Hasta allí llegamos para recordar, junto a Mickey Thomas, algo más de una hora de grandes éxitos de Starship. La excepción fue un nuevo tema, compuesto por Neal Schon (Journey) y Jack Blades (Night Ranger), que está incluido en el más reciente trabajo en solitario del vocalista, titulado Over the Edge. El tema en cuestión lleva el título de "Surrender" y bien pudiera haber sido otro éxito de Journey... hace dos décadas.


El espectáculo comenzó con un tema de 1987, "It's not over ('till it's over)", del álbum No Protection. Le siguieron "Jane", original de Jefferson Starship, y que Starship lo incluyó en su lista de canciones pues uno de sus compositores, Craig Chaquico, fue guitarrista fundador de la banda (aunque hoy ya no esté más con ella). "Sara", "Find your way back" y "No way out", cerraron la primera media hora de música en la playa. Seguirían otros temas que tuvieron mucho éxito en el Top 10 americano (y también en algunas emisoras limeñas de la época), entre ellos, "Nothing's gonna stop us now", escrita por Albert Hammond y Diane Warren, y, el clásico "We built this city", aquella canción de tonada fácil, muy típica de los ochentas, que les abrió el mercado en 1985 y con la cual, como era de esperarse, cerraron la noche.

El quinteto agradó a la platea que tuvo la oportunidad de ver, desde la arena, y gratis, a uno de los grupos más queridos surgidos en San Francisco en la década de Foreigner, Bad English, Loverboy, Journey, REO Speedwagon y Survivor.

Sólo faltó, lo mejor, la voz de Grace Slick, con quien alguna vez Thomas hizo magistrales duetos. Pero Grace -próxima a cumplir 65 años de edad en octubre- está retirada en su residencia de Mill Valley. La última vez que la vimos fue cuando dijo algo así: "Fue patético vernos en el escenario" (con motivo de la reunión de Jefferson Airplane, de donde nacieron Jefferson Starship, en 1974, y, luego, Starship, en 1984).

Jefferson Airplane fue sensación en los sesentas. Nombres como Santana, The Doors, Jimi Hendrix, Creedence Clearwater Revival, Grateful Dead, The Who, Janis Joplin y Steve Miller, telonearon para ellos. Sin embargo, la señora Slick se había dado cuenta que los años no habían pasado en vano y que sus canciones, que tanto éxito tuvieron en la época de la guerra de Vietnam, no eran más, para el momento que vivía el mundo. Lo de Starship, que llega a Lima con Mickey Thomas, es otra cosa.

Javier Lishner
Santa Cruz, California
12 de setiembre de 2004
COSAS DE LA VIDA: Recordando a Diana García

Sigo convencido de que llegué a la radio debido a que la Frecuencia Fina de América se llevó de Radio Miraflores a la tan prestigiosa Diana García. Era 1980 y, de manos de Diana, también se fueron, el locutor Speedy González y, los operadores técnicos Raúl Rosales y Chepito Ríos; estos dos últimos, nombres con los que, junto al de Diana, yo había crecido escuchando la radio.

Junto a la inolvidable propulsora del rock por excelencia, Diana García de Palacios, el 13 de agosto de 1993, luego de un especial radial de dos horas dedicado al festival de Woodstock 69. (FOTO: Víctor Becerra/Archivo Perú Rock).

Ricardo Palma, no solo era el nombre del tradicionista peruano del siglo 19 sino también era el dueño de Radio Miraflores, popular emisora enquistada en la calle Alcanfores. Fue él, Buby, como muchos lo llamaban, el que le encargó a Enrique Llamosas, uno de sus experimentados locutores, a dirigir un concurso de Nuevas Voces para cubrir los espacios que habían quedado vacíos. La voz promocional de Pedrito Roncallo, otra institución de la radio, fue la que una noche me motivó a inscribirme en aquel evento en el que participamos 492 individuos y del cual fui uno de los felices ganadores. De aquella competencia se recuerdan nombres como los de Dennis Alberto Contreras (a) Randy Calandra, Henry Venegas y Jorge Muñiz, quien actualmente hace cine en Toronto. También estuvieron hasta la fase final, la (tempranamente) desaparecida Vicky Obregón, y el posterior congresista Gustavo Pacheco.

Pero no fue hasta 1983 en que, durante mi primera crisis con Palma, llegué a las instalaciones de la FM de América para conocer personalmente a Diana, a quien había visto solo una vez, en el entierro de la señora Nélida Cancino, madre adorada de Johnny López, mi colega y amigo. Me quejé con Diana de Buby y solo recuerdo una frase que me impactó: "El corazón de la radio no era tan grande como nosotros pensábamos", literalmente me dijo, en directa alusión al popular slogan de "la radio chiquita de corazón grande". De ahí nació una relación. Al poco tiempo yo ingresaba al elenco de Radio Panamericana, instalada a poco más de una cuadra desde donde Diana salía al aire en los 94.1 del dial. Asumí la conducción de Buenos días, día -de lunes a viernes desde las siete de la mañana-, y la responsabilidad en el Departamento de Programación, trabajo que también había desempeñado hasta mi último día en Radio Miraflores.

A fines de 1985 llegó mi salida de la emisora de Mariano Carranza (Radio Panamericana), por la culpa de un chupamedias. Al día siguiente, Sammy Sadovnik, en el mayor acto de lealtad que jamás experimenté, y en claro apoyo a mi integridad, presentó su carta de renuncia. Una semana más tarde, ambos, iniciábamos Instantes (y luego Perú Rock) de vuelta en Radio Miraflores, la estación que nos había visto comenzar nuestras respectivas carreras. Luego, tomaríamos el mando de la programación de manos de David Lemor, a quien no mucho tiempo antes habíamos recomendado en la emisora. En tanto, Diana, seguía en América, radio y TV.

El "paquetazo" del gobierno de Alan García, en septiembre de 1988, me hizo alejar de R.M. por segunda vez. Sammy, para ese entonces, ya había partido para hacer televisión, bajo la dirección del maestro Pablo de Madalengoitia, en un programa llamado Agenda Personal, al que ambos fuimos originalmente invitados. Yo, siguiendo los consejos de mis socios de aquel momento, desistí de esa oportunidad. Eran los tiempos de mis socios de aquel momento, CATS Producciones, y de las giras con los artistas nacionales. Tras dos meses de constantes reuniones con Canal 13 (a través de Sonia Freundt), Branny Zavala, el mandamás de la empresa, me ofreció Mirando la Radio. Después de casi un año de (muy) gratas experiencias en el canal de Pueblo Libre, pero también de (contínuos) cambios en la programación, decidí alejarme de la pantalla chica. Al mes siguiente, una llamada del productor Fernando Guille cambió mis planes, y empecé -como nunca antes- a gritar diariamente (en horario estelar). Sucedía en los sets de Panamericana Televisión. Después de casi un año, el elenco empezó a ir en aumento, y nuestros minutos en pantalla en el sentido contrario. Presenté mi renuncia y me fui a recluir a la casa de la calle Marconi. Un mes después, por gestión de Gastón Medina, me contrató Radio Efextos FM de Ica y, durante seis meses, me fui como Director a la ciudad de las tejas. Esa fue otra grata experiencia. Tuve constantes visitas de artistas nacionales como Julio Andrade, Mónica Gamarra, Rocky Belmonte, Toño Vega, el grupo S.O.S., y otros más.

Con Diana, Hugo Salazar y Alex Guadalupe, en marzo de 1994. (FOTO: Luis Guadalupe).

Cumplido el contrato, tras dejar encaminada la radio iqueña, regresé a Lima y, sin si quiera imaginarlo, pasé la peor época de mi carrera. Nadie me recordaba. Solo Chabela, la dueña del puesto de periódicos de la esquina, y, Poma, el chofer del ex-presidente Morales-Bermúdez -vecino de la acera de enfrente-, seguían siendo fieles aliados sin saber que mi procesión iba por dentro.

Un buen día de abril de 1992, luego de reunirme con Sammy Sadovnik en América Televisión, me encontré en los pasillos con Diana. Me invitó a tomar un café, y, mientras caminábamos, siempre llamándome Javiercito, me preguntó si quería volver a Radio Miraflores. Le dije que no. En realidad, que no sabía. Sería la tercera vez que regresaría a trabajar con Buby, y, en esta ocasión, también con sus hijos. Ella había regresado a la radio de sus grandes éxitos, y estaba muy ilusionada. Había vuelto con Tú, yo y mis discos, y Memories (de 5 a 7 p.m.). Una semana después, volvió a comunicarse conmigo y me insistió a que volviera. Yo lo necesitaba en todo el sentido de la palabra, pero no quería hacérselo notar a ella y, menos, a su Director-Gerente. Dos días más tarde, recibí la llamada del ingeniero Palma ofreciéndome un espacio. Conversamos y me metí como un tubo en la programación. Diana me había hecho un milagro.

Era una nueva década. De inmediato, Johnny López, mi amigo y colega, me ofreció la sociedad en Talentvs, una institución artístico-educativa, la cual también acepté. Trabajé los dos últimos años de mi vida en Perú, entre Talentvs y la radio que me vió crecer, y a la que, a decir de la última grabación, dejé con cuatro auspiciadores. El 20 de abril de 1994 junto a Diana y Armando (su esposo), y a Hugo Salazar, fui a ver al dúo America en El Muelle Uno. Sin saberlo, ese sería mi último concierto en el Perú.

La primera semana de junio, cuando me preparaba para venir a Estados Unidos, y antes de despedirme de la audiencia y compañeros de radio a través de El Gusano Eléctrico -nombre del programa que conducía-, en la casa de Diana, con Armando (su esposo), Lucho Guadalupe y su hermano Alex, y el mismo Hugo, se realizó la última de mis despedidas. Terminamos al día siguiente. Allí, oliendo a amanecida, le regalé a Diana el afranelado e inmenso gusano que siempre tuve en mi oficina de la Asociación Talentvs y que, alguna vez, una alumna me había obsequiado. Grande fue mi sorpresa cuando al año siguiente, luego de asistir a la operación de cuatro marcapasos a mi padre, la visité en su casa de Las Amapolas. Era julio de 1995. En una repisa, estaba el gusano. Fue la última vez que lo vi.

En dos semanas mi padre cumplirá 81 años y, hoy, Diana se nos fue para siempre. Cosas de la vida.

Javier Lishner
San Jose, California
8 de junio del 2003

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40 años después
THE ROLLING STONES: La leyenda sobrevive

En un mundo en el que la mayoría de los jóvenes (rockeros) está en la búsqueda de lo último de Queens of the Stone Age o de lo que dejó el disuelto Black Crowes, los legendarios Rolling Stones no parecen respetar. Y es que, después de cuatro décadas, el grupo británico sigue llenando clubes, coliseos, e incluso, estadios.


1962
Fue hace cuarenta años cuando el mundo vio nacer a la banda que emergía desde Londres para revolucionar el sonido rocanrolero de Elvis, emprender una carrera basada en el Rhythm & Blues, y competir con las finas melodías de sus compatriotas los Beatles.

Mick Jagger, su vocalista –próximo a cumplir 58 años de edad- aparecía en el firmamento musical como el prototipo del rebelde sin causa que había dejado vacante James Dean. A su lado, andaban dos más con ansias de robarse el rol principal. Ellos eran, Brian Jones y Keith Richards, éste último, motivo de la más reciente portada de la revista Rolling Stone. Brian los dejaría siete años después (Murió ahogado en la piscina de su casa en 1969, un mes antes del festival de Woodstock). El bajista Bill Wyman y el baterista Charlie Watts, modestamente, completaban la no tan modesta conformación.


SETENTAS
Con un Jagger casado con la modelo Bianca Pérez Morena de Macías y con nuevo guitarrista de nombre Mick Taylor, el grupo grabó algunos de sus mejores discos. Bianca venía de una pudiente familia nicaragüense, y Taylor, de pertenecer al grupo del inglés John Mayall, núcleo de donde también surgieron figuras como Eric Clapton, John McVie y Harvey Mandel. Con el nuevo músico, los Stones grabaron, entre otros, los clásicos Get Yer Ya-Ya’s Out, Sticky Fingers y Exile on Main Street. Esa formación duró hasta 1974 en que, el rubio guitarrista, decidió apartarse para trabajar con la tecladista Carla Bley y el ex-Cream Jack Bruce.

El reemplazante llegó de otro famoso grupo inglés llamado The Faces, cuyo cantante era Rod Stewart. El debut discográfico de Ron Wood fue entre 1975/76 con el álbum Black and Blue (en el que también participó temporalmente el antes mencionado Harvey Mandel, amén de los pianistas Billy Preston y Nicky Hopkins). Todo lo que vendría después llegaría con la marca de Ronnie. De aquella época se recuerdan: Some Girls, de 1978; Emotional Rescue, de 1980; y Tatoo You, de un año después.

El 27 de diciembre de 1980, Jagger viaja de Nueva York a Perú para participar en la película Fizcarrald, de Werner Herzog, la cual se rodaba en la Amazonía peruana. Su estada en la ciudad de Iquitos duró menos de tres meses. La demora en la grabación, no permitió que el cantante y compositor terminara la filmación. De Iquitos a Lima y, de Lima, al reencuentro con su nueva pareja (hasta hoy esposa), Jerry Hall. Durante su corta estancia en la capital peruana, pudimos extenderle la mano.

LA DÉCADA (CASI) PERDIDA
Pasaron dos mediocres discos: Undercover y Dirty work, hasta que en 1989 la banda decidió volver a los escenarios. La gira Steel Wheels superó los récords de venta que hasta ese entonces poseía Pink Floyd. Por ella, acumularon más de 140 millones de dólares. Un galardón más en su ya extensa carrera. De esa gira norteamericana se fueron a Europa bajo el nombre de Urban Jungle. El 91 recopilaron aquella experiencia en el disco Flashpoint.


LOS NOVENTA
El 6 de enero de 1993, en el informativo London Tonight, Bill Wyman anunció su retiro definitivo de los Rolling Stones. "Cuando ingresé a la banda pensé que, con un poco de suerte, podríamos durar dos o tres años. Aquí estoy, 30 años después… No quiero seguir siendo parte del grupo del cual tengo muy buenos recuerdos. Ha sido fantástico. Pienso que las dos últimas giras han sido las mejores que hemos tenido y por ello estoy muy contento de parar aquí". Era la renuncia definitiva a seguir cargando el logotipo de la lengua. El tranquilo bajista, conocido como el Stone solitario, había decidido dejar a sus compañeros (Años más tarde publicaría el libro Stone Alone).

Los Rolling Stones nunca más volverían a ser cinco. Se rumoreó que motivos financieros, obligaron a los cuatro restantes miembros a pensar así. El nuevo integrante, Darryl Jones, quien había tocado con muchos, entre ellos, Miles Davis y Sting, se convertiría, en 1994, solo en acompañante de la banda, como los son, por ejemplo, Chuck Levell y Bobby Keys.

Con Jones, ese mismo año regresaron a lo grande para superar lo hecho en 1989. La gira Voodoo Lounge no solo les trajo un nuevo récord de ventas. Cinco días seguidos en el mundialista estadio de River Plate con 70,000 seguidores por noche, y cuatro en el estadio de Oakland, en California, los volvería a poner en la palestra. Al año siguiente, registraron el evento en su disco Stripped.

El 97, Bridges to Babylon aumentó sus cuentas bancarias. La gira que siguió al disco en mención fue llamada No Security.

SIGLO XXI
Y así llegaron al nuevo milenio. Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ron Wood siguen dándole cuerda a la máquina. Una nueva aventura que debutó en Boston, el martes 6 de septiembre, los pone, nuevamente, en los escenarios. Y, una vez más, el logotipo rockero más famoso de los últimos cuarenta años, volverá a estar frente a miles de aficionados y, ellos (los Stones), a vestirse de gala para enfrentarse a un variopinto público que, viejos o no, aplaudirán con respeto y con rabia a "la banda más grande de rock and roll que permanece sobre el Planeta".

Javier Lishner
San Jose, California
Octubre de 2002

* Javier Lishner escuchó por primera vez a los Rolling Stones en 1971. Pudo extenderle la mano a Mick Jagger en 1981. Ocho años más tarde viajó a los Estados Unidos para participar de la gira Steel Wheels, en el Orange Bowl. En 1994 fue a Pasadena para verlos en el mundialista Rose Bowl. Cinco días después los vio en el estadio de Oakland, en California. En noviembre del mismo año, en el Fillmore de San Francisco, conoció a Harvey Mandel, quien estuvo en la transición entre la salida de Mick Taylor y la llegada de Ronnie Wood. En 1997 los encontró en la gira Bridges to Babylon en San Jose y, dos años más tarde, otra vez, en el coliseo de la misma ciudad californiana, donde actualmente reside. Javier se prepara para participar de la nueva gira. Si deseas comunicarte con él, puedes escribirle a ajlishner@yahoo.com

En el Madison Square Garden
PAUL McCARTNEY HOY EN CONCIERTO



Treinta años después de que otro Beatle organizara un evento benéfico en el Madison Square Garden de Nueva York, Paul McCartney anunció lo propio para el sábado 20 de octubre. McCartney lanzó la noticia de un concierto en el mismo local neoyorquino, esta vez en favor de los familiares de las víctimas de los ataques terroristas del 11 de septiembre. A su lado estarán figuras como Mick Jagger, Eric Clapton, Macy Gray, Billy Joel, John Mellencamp, Bon Jovi, James Taylor y el grupo The Who.

Fue justamente hace 30 años, cuando George Harrison lideró una campaña similar pero en favor de los niños de Bangladesh que morían de hambre tras la guerra de su independencia de Pakistán. Junto al músico hindú Ravi Shankar, Harrison –hoy víctima de cáncer- logró reunir a un selecto grupo de amigos para la ocasión. Ahí estuvieron entre otros, Ringo Starr, Billy Preston, Leon Russell, Bob Dylan, el Badfinger Pete Ham y el propio Clapton. El evento realizado en agosto de 1971 fue el punto de partida para una serie de obras musicales en favor de la humanidad. McCartney, por ejemplo, fue el organizador del Concierto para Kampuchea en diciembre de 1979, en el Hammersmith Odeon de Londres.

Esta vez, el ex-Beatle de 59 años anunció que aparte del concierto en el codiciado local neoyorquino, también donará su nueva canción "From A Lover To A Friend", que será lanzada el 29 de octubre en homenaje a las familias de los bomberos que perdieron la vida en el World Trade Center.

Y aunque en estos momentos viajar es un verbo que muchos prefieren no usar, ganas no nos faltan para asistir a tal obra humanitaria. Sin embargo, para el mismo 20 de octubre la vida nos puso en el camino otro evento benéfico, el cual Neil Young ha preparado en Mountain View, California. Y ahí estaremos ante Pearl Jam, R.E.M., Tracy Chapman, Billy Idol, Ben Harper, Dave Matthews y el propio Young. El Festival recaudará dinero para el Bridge School, una escuela de niños incapacitados de la Bahía de San Francisco, a la cual Neil y su esposa Peggy le prestan colaboración permanente.

Javier Lishner
Octubre de 2001

Tuesday, April 11, 2006

PACO DE LUCÍA EN LIMA
"Componer es mi pan de cada día"


Nota escrita con motivo de la llegada del guitarrista andaluz Paco de Lucía a Lima, y aparecida en el diario Expreso hace quince años, el 5 de abril de 1991.

Javier Lishner
San Jose, California
11 de abril de 2006
Dos y dos son cuatro, cuatro y dos...
LA COLECCIÓN DE DISCOS

El suscrito, dedicado coleccionista de discos fonográficos durante dos décadas, inició su discoteca particular en 1972. Su primer disco fue un sencillo de Tormenta, la cantautora argentina de mucho éxito durante los años setenta, especialmente en América del Sur. Su primer álbum fue The Best of Bread, lanzado por Elektra Records en 1973.


En la gráfica superior, publicada a mediados de los ochenta, aparece el suscrito posando para la desaparecida revista Teleguía de Lima con algunas placas de Deep Purple. Hubo un tiempo que el suscrito tuvo más discos del quinteto inglés, que los que la lista oficial decía.

En 1989, con el advenimiento de los discos compactos, los cuales había empezado a transmitir en Radio Miraflores desde 1982 (bastante antes que "la Radio Láser", Radio Panamericana), decidió traspasar su colección que pasó las siete mil unidades, incluyendo los viejos discos 45 r.p.m. Pero no lo hizo con "Como una chica y un muchacho" de Tormenta ni con The Best of Bread. Las gráficas inferiores fueron publicadas en la revista peruana Sí, en julio de 1989.




Javier Lishner
San Jose, California
11 de abril de 2006